acrílico sobre tela.  92 x 65 cm
acrílico sobre tela. 92 x 65 cm
 Acrílico sobre tela. 92 x 65 cm
Acrílico sobre tela. 92 x 65 cm
 “…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”  (Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
 “…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”  (Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
 Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.  Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.  Diario Las Provincias. 2000
 Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.  Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.  Diario Las Provincias. 2000
   Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.  Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.  Diario Las Provincias. 2000
 María Alvarez   Animismos   La primera exposición individual de María Alvarez fue titulada “Animismos”, y no en vano, puesto que con su pincel parece dotar de “alma” a todo cuanto pinta. No tan sólo al personaje que con frecuencia nos encontramos en sus lienzos, sino también a las arquitecturas, dotadas de ese movimiento que les confiere vida propia, o a los árboles, que, más que por el viento, parecen agitados por alguna complicada idea.  No todas las obras están imbuidas del mismo sentimento. Podríamos decir que maría ha creado un personaje al que hace pasear por unos espacios –un tanto reales, un tanto imaginarios- que apoyan su actitud, que en ningún caso es de angustia o aislamiento. Se trata de mostrar los diferentes estados anímicos comunes al género humano. Así, si nos permitimos relajarnos ante la obra de esta artista, podremos ver reflejados distintos momentos que nos son conocidos: paseos reflexivos en solitario, instantes de reposo, momentos de contemplación.  María Alvarez es sorprendente. Es admirable la sutileza y perspicacia con que la artista, desde su juventud, ha identificado y reflejado ciertos universos, pero lejos de manifestar en su persona actitudes románticas, es una mujer de aguda inteligencia y contemporaneidad.  Verdaderamente, es una alegría, tanto para los sentidos como para el pensamiento, encontrarse actualmente con una obra que, valiéndose de las técnicas y la poética de la pintura tradicional, nos resulte tan próxima y comprensible, tan contemporánea, por cuanto refleja nuestro espíritu, y, a la vez, nos invita a detenernos y disfrutar de la Pintura.  (val i 30) Lola García Jiménez. 2000
 María Alvarez   Animismos   La primera exposición individual de María Alvarez fue titulada “Animismos”, y no en vano, puesto que con su pincel parece dotar de “alma” a todo cuanto pinta. No tan sólo al personaje que con frecuencia nos encontramos en sus lienzos, sino también a las arquitecturas, dotadas de ese movimiento que les confiere vida propia, o a los árboles, que, más que por el viento, parecen agitados por alguna complicada idea.  No todas las obras están imbuidas del mismo sentimento. Podríamos decir que maría ha creado un personaje al que hace pasear por unos espacios –un tanto reales, un tanto imaginarios- que apoyan su actitud, que en ningún caso es de angustia o aislamiento. Se trata de mostrar los diferentes estados anímicos comunes al género humano. Así, si nos permitimos relajarnos ante la obra de esta artista, podremos ver reflejados distintos momentos que nos son conocidos: paseos reflexivos en solitario, instantes de reposo, momentos de contemplación.  María Alvarez es sorprendente. Es admirable la sutileza y perspicacia con que la artista, desde su juventud, ha identificado y reflejado ciertos universos, pero lejos de manifestar en su persona actitudes románticas, es una mujer de aguda inteligencia y contemporaneidad.  Verdaderamente, es una alegría, tanto para los sentidos como para el pensamiento, encontrarse actualmente con una obra que, valiéndose de las técnicas y la poética de la pintura tradicional, nos resulte tan próxima y comprensible, tan contemporánea, por cuanto refleja nuestro espíritu, y, a la vez, nos invita a detenernos y disfrutar de la Pintura.(val i 30) Lola García Jiménez. 2000
 “…En un momento en el que los jóvenes licenciados de Bellas Artes parecen más interesados por el  performance,  las instalaciones, el  happenning  o el video arte, María Alvarez nos ofrece una pintura de vocación claramente figurativa que recuerda a la de ciertos artistas italianos de vanguardia de los años treinta. Utilizando el acrílico y formatos pequeños, María crea un universo personal centrado en una serie de elementos iconográficos constantes: un paisaje de árboles y arbustos estilizados que acogen siempre a una solitaria e indefinida figura humana. Con una intención lírica más que intelectual, la pintura enigmática y emocional de María Alvarez también podría recordar por su trazo y su sobriedad compositiva a la de Giorgio de Chírico. Más evidente es su voluntad por explorar en la figuración y en recuperar el gusto por la pintura entendida como un oficio que no desdeña la laboriosidad, las técnicas tradicionales y las enseñanzas académicas.  A pesar de los vaivenes y los caprichosos movimientos sísmicos del arte actual, María Alvarez puede tener un esperanzador futuro artístico puesto que en esta primera exposición demuestra ser una pintora sensible y con universo pictórico muy coherente…”  (Revista Túria) Casto Escópico. 2000
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 “…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”  (Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
 “…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”  (Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
 Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.  Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.  Diario Las Provincias. 2000
   “…En un momento en el que los jóvenes licenciados de Bellas Artes parecen más interesados por el  performance,  las instalaciones, el  happenning  o el video arte, María Alvarez nos ofrece una pintura de vocación claramente figurativa que recuerda a la de ciertos artistas italianos de vanguardia de los años treinta. Utilizando el acrílico y formatos pequeños, María crea un universo personal centrado en una serie de elementos iconográficos constantes: un paisaje de árboles y arbustos estilizados que acogen siempre a una solitaria e indefinida figura humana. Con una intención lírica más que intelectual, la pintura enigmática y emocional de María Alvarez también podría recordar por su trazo y su sobriedad compositiva a la de Giorgio de Chírico. Más evidente es su voluntad por explorar en la figuración y en recuperar el gusto por la pintura entendida como un oficio que no desdeña la laboriosidad, las técnicas tradicionales y las enseñanzas académicas.  A pesar de los vaivenes y los caprichosos movimientos sísmicos del arte actual, María Alvarez puede tener un esperanzador futuro artístico puesto que en esta primera exposición demuestra ser una pintora sensible y con universo pictórico muy coherente…”  (Revista Túria) Casto Escópico. 2000
 María Alvarez   Animismos   La primera exposición individual de María Alvarez fue titulada “Animismos”, y no en vano, puesto que con su pincel parece dotar de “alma” a todo cuanto pinta. No tan sólo al personaje que con frecuencia nos encontramos en sus lienzos, sino también a las arquitecturas, dotadas de ese movimiento que les confiere vida propia, o a los árboles, que, más que por el viento, parecen agitados por alguna complicada idea.  No todas las obras están imbuidas del mismo sentimento. Podríamos decir que maría ha creado un personaje al que hace pasear por unos espacios –un tanto reales, un tanto imaginarios- que apoyan su actitud, que en ningún caso es de angustia o aislamiento. Se trata de mostrar los diferentes estados anímicos comunes al género humano. Así, si nos permitimos relajarnos ante la obra de esta artista, podremos ver reflejados distintos momentos que nos son conocidos: paseos reflexivos en solitario, instantes de reposo, momentos de contemplación.  María Alvarez es sorprendente. Es admirable la sutileza y perspicacia con que la artista, desde su juventud, ha identificado y reflejado ciertos universos, pero lejos de manifestar en su persona actitudes románticas, es una mujer de aguda inteligencia y contemporaneidad.  Verdaderamente, es una alegría, tanto para los sentidos como para el pensamiento, encontrarse actualmente con una obra que, valiéndose de las técnicas y la poética de la pintura tradicional, nos resulte tan próxima y comprensible, tan contemporánea, por cuanto refleja nuestro espíritu, y, a la vez, nos invita a detenernos y disfrutar de la Pintura.  (val i 30) Lola García Jiménez. 2000
 “…En un momento en el que los jóvenes licenciados de Bellas Artes parecen más interesados por el  performance,  las instalaciones, el  happenning  o el video arte, María Alvarez nos ofrece una pintura de vocación claramente figurativa que recuerda a la de ciertos artistas italianos de vanguardia de los años treinta. Utilizando el acrílico y formatos pequeños, María crea un universo personal centrado en una serie de elementos iconográficos constantes: un paisaje de árboles y arbustos estilizados que acogen siempre a una solitaria e indefinida figura humana. Con una intención lírica más que intelectual, la pintura enigmática y emocional de María Alvarez también podría recordar por su trazo y su sobriedad compositiva a la de Giorgio de Chírico. Más evidente es su voluntad por explorar en la figuración y en recuperar el gusto por la pintura entendida como un oficio que no desdeña la laboriosidad, las técnicas tradicionales y las enseñanzas académicas.  A pesar de los vaivenes y los caprichosos movimientos sísmicos del arte actual, María Alvarez puede tener un esperanzador futuro artístico puesto que en esta primera exposición demuestra ser una pintora sensible y con universo pictórico muy coherente…”  (Revista Túria) Casto Escópico. 2000
   Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.  Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.  Diario Las Provincias. 2000
 “…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”  (Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
   Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.  Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.  Diario Las Provincias. 2000
acrílico sobre tela.  92 x 65 cm
acrílico sobre tela. 92 x 65 cmLa primera exposición individual de María Alvarez fue titulada “Animismos”, y no en vano, puesto que con su pincel parece dotar de “alma” a todo cuanto pinta. No tan sólo al personaje que con frecuencia nos encontramos en sus lienzos, sino también a las arquitecturas, dotadas de ese movimiento que les confiere vida propia, o a los árboles, que, más que por el viento, parecen agitados por alguna complicada idea. (val i 30) Lola García Jiménez. 2000
 Acrílico sobre tela. 92 x 65 cm
Acrílico sobre tela. 92 x 65 cmSon paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.Diario Las Provincias. 2000
 “…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”  (Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
“…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”(Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
 “…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”  (Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
“…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”(Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
 Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.  Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.  Diario Las Provincias. 2000
Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.Diario Las Provincias. 2000
 Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.  Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.  Diario Las Provincias. 2000
Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.Diario Las Provincias. 2000
   Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.  Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.  Diario Las Provincias. 2000
Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.Diario Las Provincias. 2000
 María Alvarez   Animismos   La primera exposición individual de María Alvarez fue titulada “Animismos”, y no en vano, puesto que con su pincel parece dotar de “alma” a todo cuanto pinta. No tan sólo al personaje que con frecuencia nos encontramos en sus lienzos, sino también a las arquitecturas, dotadas de ese movimiento que les confiere vida propia, o a los árboles, que, más que por el viento, parecen agitados por alguna complicada idea.  No todas las obras están imbuidas del mismo sentimento. Podríamos decir que maría ha creado un personaje al que hace pasear por unos espacios –un tanto reales, un tanto imaginarios- que apoyan su actitud, que en ningún caso es de angustia o aislamiento. Se trata de mostrar los diferentes estados anímicos comunes al género humano. Así, si nos permitimos relajarnos ante la obra de esta artista, podremos ver reflejados distintos momentos que nos son conocidos: paseos reflexivos en solitario, instantes de reposo, momentos de contemplación.  María Alvarez es sorprendente. Es admirable la sutileza y perspicacia con que la artista, desde su juventud, ha identificado y reflejado ciertos universos, pero lejos de manifestar en su persona actitudes románticas, es una mujer de aguda inteligencia y contemporaneidad.  Verdaderamente, es una alegría, tanto para los sentidos como para el pensamiento, encontrarse actualmente con una obra que, valiéndose de las técnicas y la poética de la pintura tradicional, nos resulte tan próxima y comprensible, tan contemporánea, por cuanto refleja nuestro espíritu, y, a la vez, nos invita a detenernos y disfrutar de la Pintura.  (val i 30) Lola García Jiménez. 2000
María AlvarezAnimismosLa primera exposición individual de María Alvarez fue titulada “Animismos”, y no en vano, puesto que con su pincel parece dotar de “alma” a todo cuanto pinta. No tan sólo al personaje que con frecuencia nos encontramos en sus lienzos, sino también a las arquitecturas, dotadas de ese movimiento que les confiere vida propia, o a los árboles, que, más que por el viento, parecen agitados por alguna complicada idea.No todas las obras están imbuidas del mismo sentimento. Podríamos decir que maría ha creado un personaje al que hace pasear por unos espacios –un tanto reales, un tanto imaginarios- que apoyan su actitud, que en ningún caso es de angustia o aislamiento. Se trata de mostrar los diferentes estados anímicos comunes al género humano. Así, si nos permitimos relajarnos ante la obra de esta artista, podremos ver reflejados distintos momentos que nos son conocidos: paseos reflexivos en solitario, instantes de reposo, momentos de contemplación.María Alvarez es sorprendente. Es admirable la sutileza y perspicacia con que la artista, desde su juventud, ha identificado y reflejado ciertos universos, pero lejos de manifestar en su persona actitudes románticas, es una mujer de aguda inteligencia y contemporaneidad.Verdaderamente, es una alegría, tanto para los sentidos como para el pensamiento, encontrarse actualmente con una obra que, valiéndose de las técnicas y la poética de la pintura tradicional, nos resulte tan próxima y comprensible, tan contemporánea, por cuanto refleja nuestro espíritu, y, a la vez, nos invita a detenernos y disfrutar de la Pintura.(val i 30) Lola García Jiménez. 2000
 María Alvarez   Animismos   La primera exposición individual de María Alvarez fue titulada “Animismos”, y no en vano, puesto que con su pincel parece dotar de “alma” a todo cuanto pinta. No tan sólo al personaje que con frecuencia nos encontramos en sus lienzos, sino también a las arquitecturas, dotadas de ese movimiento que les confiere vida propia, o a los árboles, que, más que por el viento, parecen agitados por alguna complicada idea.  No todas las obras están imbuidas del mismo sentimento. Podríamos decir que maría ha creado un personaje al que hace pasear por unos espacios –un tanto reales, un tanto imaginarios- que apoyan su actitud, que en ningún caso es de angustia o aislamiento. Se trata de mostrar los diferentes estados anímicos comunes al género humano. Así, si nos permitimos relajarnos ante la obra de esta artista, podremos ver reflejados distintos momentos que nos son conocidos: paseos reflexivos en solitario, instantes de reposo, momentos de contemplación.  María Alvarez es sorprendente. Es admirable la sutileza y perspicacia con que la artista, desde su juventud, ha identificado y reflejado ciertos universos, pero lejos de manifestar en su persona actitudes románticas, es una mujer de aguda inteligencia y contemporaneidad.  Verdaderamente, es una alegría, tanto para los sentidos como para el pensamiento, encontrarse actualmente con una obra que, valiéndose de las técnicas y la poética de la pintura tradicional, nos resulte tan próxima y comprensible, tan contemporánea, por cuanto refleja nuestro espíritu, y, a la vez, nos invita a detenernos y disfrutar de la Pintura.(val i 30) Lola García Jiménez. 2000
María AlvarezAnimismosLa primera exposición individual de María Alvarez fue titulada “Animismos”, y no en vano, puesto que con su pincel parece dotar de “alma” a todo cuanto pinta. No tan sólo al personaje que con frecuencia nos encontramos en sus lienzos, sino también a las arquitecturas, dotadas de ese movimiento que les confiere vida propia, o a los árboles, que, más que por el viento, parecen agitados por alguna complicada idea.No todas las obras están imbuidas del mismo sentimento. Podríamos decir que maría ha creado un personaje al que hace pasear por unos espacios –un tanto reales, un tanto imaginarios- que apoyan su actitud, que en ningún caso es de angustia o aislamiento. Se trata de mostrar los diferentes estados anímicos comunes al género humano. Así, si nos permitimos relajarnos ante la obra de esta artista, podremos ver reflejados distintos momentos que nos son conocidos: paseos reflexivos en solitario, instantes de reposo, momentos de contemplación.María Alvarez es sorprendente. Es admirable la sutileza y perspicacia con que la artista, desde su juventud, ha identificado y reflejado ciertos universos, pero lejos de manifestar en su persona actitudes románticas, es una mujer de aguda inteligencia y contemporaneidad.Verdaderamente, es una alegría, tanto para los sentidos como para el pensamiento, encontrarse actualmente con una obra que, valiéndose de las técnicas y la poética de la pintura tradicional, nos resulte tan próxima y comprensible, tan contemporánea, por cuanto refleja nuestro espíritu, y, a la vez, nos invita a detenernos y disfrutar de la Pintura.(val i 30) Lola García Jiménez. 2000
 “…En un momento en el que los jóvenes licenciados de Bellas Artes parecen más interesados por el  performance,  las instalaciones, el  happenning  o el video arte, María Alvarez nos ofrece una pintura de vocación claramente figurativa que recuerda a la de ciertos artistas italianos de vanguardia de los años treinta. Utilizando el acrílico y formatos pequeños, María crea un universo personal centrado en una serie de elementos iconográficos constantes: un paisaje de árboles y arbustos estilizados que acogen siempre a una solitaria e indefinida figura humana. Con una intención lírica más que intelectual, la pintura enigmática y emocional de María Alvarez también podría recordar por su trazo y su sobriedad compositiva a la de Giorgio de Chírico. Más evidente es su voluntad por explorar en la figuración y en recuperar el gusto por la pintura entendida como un oficio que no desdeña la laboriosidad, las técnicas tradicionales y las enseñanzas académicas.  A pesar de los vaivenes y los caprichosos movimientos sísmicos del arte actual, María Alvarez puede tener un esperanzador futuro artístico puesto que en esta primera exposición demuestra ser una pintora sensible y con universo pictórico muy coherente…”  (Revista Túria) Casto Escópico. 2000
“…En un momento en el que los jóvenes licenciados de Bellas Artes parecen más interesados por el performance, las instalaciones, el happenning o el video arte, María Alvarez nos ofrece una pintura de vocación claramente figurativa que recuerda a la de ciertos artistas italianos de vanguardia de los años treinta. Utilizando el acrílico y formatos pequeños, María crea un universo personal centrado en una serie de elementos iconográficos constantes: un paisaje de árboles y arbustos estilizados que acogen siempre a una solitaria e indefinida figura humana. Con una intención lírica más que intelectual, la pintura enigmática y emocional de María Alvarez también podría recordar por su trazo y su sobriedad compositiva a la de Giorgio de Chírico. Más evidente es su voluntad por explorar en la figuración y en recuperar el gusto por la pintura entendida como un oficio que no desdeña la laboriosidad, las técnicas tradicionales y las enseñanzas académicas.A pesar de los vaivenes y los caprichosos movimientos sísmicos del arte actual, María Alvarez puede tener un esperanzador futuro artístico puesto que en esta primera exposición demuestra ser una pintora sensible y con universo pictórico muy coherente…”(Revista Túria) Casto Escópico. 2000
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 “…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”  (Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
“…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”(Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
 “…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”  (Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
“…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”(Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
 Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.  Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.  Diario Las Provincias. 2000
Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.Diario Las Provincias. 2000
   “…En un momento en el que los jóvenes licenciados de Bellas Artes parecen más interesados por el  performance,  las instalaciones, el  happenning  o el video arte, María Alvarez nos ofrece una pintura de vocación claramente figurativa que recuerda a la de ciertos artistas italianos de vanguardia de los años treinta. Utilizando el acrílico y formatos pequeños, María crea un universo personal centrado en una serie de elementos iconográficos constantes: un paisaje de árboles y arbustos estilizados que acogen siempre a una solitaria e indefinida figura humana. Con una intención lírica más que intelectual, la pintura enigmática y emocional de María Alvarez también podría recordar por su trazo y su sobriedad compositiva a la de Giorgio de Chírico. Más evidente es su voluntad por explorar en la figuración y en recuperar el gusto por la pintura entendida como un oficio que no desdeña la laboriosidad, las técnicas tradicionales y las enseñanzas académicas.  A pesar de los vaivenes y los caprichosos movimientos sísmicos del arte actual, María Alvarez puede tener un esperanzador futuro artístico puesto que en esta primera exposición demuestra ser una pintora sensible y con universo pictórico muy coherente…”  (Revista Túria) Casto Escópico. 2000
“…En un momento en el que los jóvenes licenciados de Bellas Artes parecen más interesados por el performance, las instalaciones, el happenning o el video arte, María Alvarez nos ofrece una pintura de vocación claramente figurativa que recuerda a la de ciertos artistas italianos de vanguardia de los años treinta. Utilizando el acrílico y formatos pequeños, María crea un universo personal centrado en una serie de elementos iconográficos constantes: un paisaje de árboles y arbustos estilizados que acogen siempre a una solitaria e indefinida figura humana. Con una intención lírica más que intelectual, la pintura enigmática y emocional de María Alvarez también podría recordar por su trazo y su sobriedad compositiva a la de Giorgio de Chírico. Más evidente es su voluntad por explorar en la figuración y en recuperar el gusto por la pintura entendida como un oficio que no desdeña la laboriosidad, las técnicas tradicionales y las enseñanzas académicas.A pesar de los vaivenes y los caprichosos movimientos sísmicos del arte actual, María Alvarez puede tener un esperanzador futuro artístico puesto que en esta primera exposición demuestra ser una pintora sensible y con universo pictórico muy coherente…”(Revista Túria) Casto Escópico. 2000
 María Alvarez   Animismos   La primera exposición individual de María Alvarez fue titulada “Animismos”, y no en vano, puesto que con su pincel parece dotar de “alma” a todo cuanto pinta. No tan sólo al personaje que con frecuencia nos encontramos en sus lienzos, sino también a las arquitecturas, dotadas de ese movimiento que les confiere vida propia, o a los árboles, que, más que por el viento, parecen agitados por alguna complicada idea.  No todas las obras están imbuidas del mismo sentimento. Podríamos decir que maría ha creado un personaje al que hace pasear por unos espacios –un tanto reales, un tanto imaginarios- que apoyan su actitud, que en ningún caso es de angustia o aislamiento. Se trata de mostrar los diferentes estados anímicos comunes al género humano. Así, si nos permitimos relajarnos ante la obra de esta artista, podremos ver reflejados distintos momentos que nos son conocidos: paseos reflexivos en solitario, instantes de reposo, momentos de contemplación.  María Alvarez es sorprendente. Es admirable la sutileza y perspicacia con que la artista, desde su juventud, ha identificado y reflejado ciertos universos, pero lejos de manifestar en su persona actitudes románticas, es una mujer de aguda inteligencia y contemporaneidad.  Verdaderamente, es una alegría, tanto para los sentidos como para el pensamiento, encontrarse actualmente con una obra que, valiéndose de las técnicas y la poética de la pintura tradicional, nos resulte tan próxima y comprensible, tan contemporánea, por cuanto refleja nuestro espíritu, y, a la vez, nos invita a detenernos y disfrutar de la Pintura.  (val i 30) Lola García Jiménez. 2000
María AlvarezAnimismosLa primera exposición individual de María Alvarez fue titulada “Animismos”, y no en vano, puesto que con su pincel parece dotar de “alma” a todo cuanto pinta. No tan sólo al personaje que con frecuencia nos encontramos en sus lienzos, sino también a las arquitecturas, dotadas de ese movimiento que les confiere vida propia, o a los árboles, que, más que por el viento, parecen agitados por alguna complicada idea.No todas las obras están imbuidas del mismo sentimento. Podríamos decir que maría ha creado un personaje al que hace pasear por unos espacios –un tanto reales, un tanto imaginarios- que apoyan su actitud, que en ningún caso es de angustia o aislamiento. Se trata de mostrar los diferentes estados anímicos comunes al género humano. Así, si nos permitimos relajarnos ante la obra de esta artista, podremos ver reflejados distintos momentos que nos son conocidos: paseos reflexivos en solitario, instantes de reposo, momentos de contemplación.María Alvarez es sorprendente. Es admirable la sutileza y perspicacia con que la artista, desde su juventud, ha identificado y reflejado ciertos universos, pero lejos de manifestar en su persona actitudes románticas, es una mujer de aguda inteligencia y contemporaneidad.Verdaderamente, es una alegría, tanto para los sentidos como para el pensamiento, encontrarse actualmente con una obra que, valiéndose de las técnicas y la poética de la pintura tradicional, nos resulte tan próxima y comprensible, tan contemporánea, por cuanto refleja nuestro espíritu, y, a la vez, nos invita a detenernos y disfrutar de la Pintura.(val i 30) Lola García Jiménez. 2000
 “…En un momento en el que los jóvenes licenciados de Bellas Artes parecen más interesados por el  performance,  las instalaciones, el  happenning  o el video arte, María Alvarez nos ofrece una pintura de vocación claramente figurativa que recuerda a la de ciertos artistas italianos de vanguardia de los años treinta. Utilizando el acrílico y formatos pequeños, María crea un universo personal centrado en una serie de elementos iconográficos constantes: un paisaje de árboles y arbustos estilizados que acogen siempre a una solitaria e indefinida figura humana. Con una intención lírica más que intelectual, la pintura enigmática y emocional de María Alvarez también podría recordar por su trazo y su sobriedad compositiva a la de Giorgio de Chírico. Más evidente es su voluntad por explorar en la figuración y en recuperar el gusto por la pintura entendida como un oficio que no desdeña la laboriosidad, las técnicas tradicionales y las enseñanzas académicas.  A pesar de los vaivenes y los caprichosos movimientos sísmicos del arte actual, María Alvarez puede tener un esperanzador futuro artístico puesto que en esta primera exposición demuestra ser una pintora sensible y con universo pictórico muy coherente…”  (Revista Túria) Casto Escópico. 2000
“…En un momento en el que los jóvenes licenciados de Bellas Artes parecen más interesados por el performance, las instalaciones, el happenning o el video arte, María Alvarez nos ofrece una pintura de vocación claramente figurativa que recuerda a la de ciertos artistas italianos de vanguardia de los años treinta. Utilizando el acrílico y formatos pequeños, María crea un universo personal centrado en una serie de elementos iconográficos constantes: un paisaje de árboles y arbustos estilizados que acogen siempre a una solitaria e indefinida figura humana. Con una intención lírica más que intelectual, la pintura enigmática y emocional de María Alvarez también podría recordar por su trazo y su sobriedad compositiva a la de Giorgio de Chírico. Más evidente es su voluntad por explorar en la figuración y en recuperar el gusto por la pintura entendida como un oficio que no desdeña la laboriosidad, las técnicas tradicionales y las enseñanzas académicas.A pesar de los vaivenes y los caprichosos movimientos sísmicos del arte actual, María Alvarez puede tener un esperanzador futuro artístico puesto que en esta primera exposición demuestra ser una pintora sensible y con universo pictórico muy coherente…”(Revista Túria) Casto Escópico. 2000
   Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.  Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.  Diario Las Provincias. 2000
Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.Diario Las Provincias. 2000
 “…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”  (Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
“…Entroncada con la tradición metafísica y el ingenuismo figurativo, su pintura se destaca por la sugestión del silencio como fundamento de una escenificación elegíaca que habla de los estados del alma y la introspección. La autora apela a las identificaciones del espectador con escenas que reiteran la condición de la soledad en forma de un personaje que vaga, se apesadumbra, y medita en un entrono natural que –como símbolo- es el cometido jardín paradisíaco trasmutado con el laberinto de las preguntas y las respuestas contenidas. Con el acento formal de un cromatismo atemperado que se exime de protagonismos, y una acertada puesta en escena de fondos planos que connotan el carácter onírico de un mundo aborto en sí mismo, María Alvarez descubre en el monólogo del paisaje el escenario idóneo para la expresión del soliloquio existencial. Dudas y certezas son reflejadas, aquí, en la animación de un entorno poblado de árboles que se curvan en la congoja o el cobijo, y muros alongados desde el infinito que encierran, ocultan o protegen, a una figura estatuaria y carente de identidad que, en su actitud, encarna las preguntas que van y vienen de un estado a otro de la ficción. No se equivoca la novel artista, ya que desde la autocontemplación se forma la mirada sobre el mundo…”(Diario Levante) Christian Parra-Duhalde. 2000
   Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.  Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.  Diario Las Provincias. 2000
Son paisajes de un mundo donde donde la forma es color, donde la síntesis prevalece y donde la geometría aparece en su construcción. Seres que viven, piensan, se encuentran en la naturaleza en unos árboles que crecen y convergen.Todo ello dentro de una metafísica suave y amparada en tonalidades, cromatismos y sombras acertadas, Existe en esta joven artista, y en su obra, equilibrio y un conocimiento de la composición poco común. Conoce la profundidad y la perspectiva y se aprecia la inquietud que siente. Debo aclarar que al decir que puede enclavarse dentro de la pintura metafísica, establezco una gran distancia con esos pintores que siguiendo modas italianizantes se consideran metafísicos. Creo que más bien están pasados de moda. María Álvarez, siente lo que hace y me parece un descubrimiento para el futuro de arte valenciano.Diario Las Provincias. 2000
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